No es solo un granero largo. Es una respuesta precisa a la humedad atlántica, una medida de la cosecha y una pieza monumental dentro de un conjunto religioso y agrícola.
El cuerpo elevado protege el grano del suelo húmedo y de los animales; las ranuras horizontales mantienen el aire en movimiento.
La iglesia, la rectoral, el palomar, la era y el hórreo permiten leer cómo se organizaba una parroquia rural del siglo XVIII.





